¿Qué es el tecnoestrés?

Hay libros, películas y series de hace más de 20 años que dan miedo por lo bien que predicen el futuro.

En este caso no estamos hablando de Los Simpson y sus profecías, sino de un libro de 1984 que habla de cómo la humanidad sufre por no estar preparada para utilizar toda la tecnología que ha creado.

No porque esa tecnología sea malvada, se haya revelado sino por la falta de habilidades personales, para gestionar las consecuencias de su uso diario.

«En el libro The Human Cost of the Computer Revolution (Brod, 1984) se define como una enfermedad de adaptación causada por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías del ordenador de manera saludable«

¿Qué es el tecnoestrés?

Según un artículo publicado por el Colegio de Psicólogos de Madrid, varios autores definen el tecnoestrés como «el estado psicológico negativo, relacionado con el uso de la tecnología o su amenaza de uso en el futuro. Dicha experiencia se relacionaría con una serie de emociones como la ansiedad, el cansancio y la falta de productividad junto con un uso desmesurado y en ocasiones compulsivo.

«Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia»

Cómo en otros aspectos del estrés, el tecnoestrés implica que existe una desigualdad entre las demandas del ambiente y nuestras capacidades para hacerles frente. Es decir, el ambiente nos demanda más de lo que podes gestionar. En este sentido, sus consecuencias como se puede ver son similares a las de otros tipos de estrés como el laboral.

La peculiaridad que tiene el tecnoestrés es que hace referencia a ese malestar derivado del uso de cualquier dispositivo de tecnología. No en especial del móvil, de las redes sociales o de un ordenador sino, de la tecnología en general

Tecnoestresores

Al igual que con otros tipos de estrés, tenemos que definir cuales son los estresores que en este caso, superan nuestra habilidad para hacer frente. Podemos dividirlos en dos bloques: demandas del ambiente y falta de recursos.

Concretamente las demandas hacen referencia al consumo de recursos que suponen las tecnologías tanto a nivel de tiempo, como de atención u otros recursos cognitivos, o el exceso de información a manejar (no siempre útil a la hora de trabajar con ella) Por otro lado, muchas veces no disponemos de los recursos necesarios para hacerles frente dándose así un desequilibrio.

¿Cómo podemos intervenir?

Hay que destacar que en casos de estrés, la intervención siempre será más sencilla si se elimina o amortigua al estresor.

En caso de que no sea posible, otra opción podría ser la de aplicar una serie de terapias a nivel individual, grupal o organizacional

A nivel individual: lo primero es aplicar técnicas que permitan rebajar los niveles de ansiedad y de activación. También se recomienda organizar los hábitos en relación a la tecnología: reducir el número de horas de uso, pautar en qué momento se pueden usar o no, utilizar pantallas que protejan la vista o mantener una distancia prudente hacia la misma.

A nivel grupal: se pueden aplicar terapias centradas en técnicas como el mindfulness para mejorar la ansiedad y fortalecer el vínculo con el presente o incluso hacer un formato más asistencial en el que se planteen actividades en las que no hay tecnologías en juego, para favorecer hábitos como el deporte o el juego social

A nivel organizacional: una de las bases son las políticas de desconexión. Permitir a los empleados que no utilicen aparatos tecnológicos en relación al trabajo fuera de su horario laboral. Otra intervención iría directamente relacionada con las medidas de prevención con las que cuenta una empresa para minimizar el impacto de las TIC. Otra sería la formación del personal empleado para evitar esa falta de recursos a la que hacíamos referencia antes.

«La tecnología ha venido para quedarse y tiene muchísimas cosas buenas. Pero como cualquier otra herramienta, requiere unos conocimientos, habilidades y actitudes para utilizarla de forma positiva. Tenemos que prepararnos para saber adaptarnos a todos los cambios sociales, relacionales, laborales y personales que ello implica. De no ser así, la fantasía del libro The Human Cost of Computer Revolution se convertirá en nuestra propia historia»

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